Anthony Mann

Emil Anton Bundmann (Anthony Mann) Director de cine estadounidense, nacido en San Diego (California), el 30 de junio de 1906. Cuando todavía no contaba con 20 años, Anthony Mann fue contratado por una compañía de Broadway como actor y decorador, primero, y como director, poco más tarde, en los primeros años de la década de los treinta. En 1938, cambió los escenarios de Broadway por las soleadas tierras californianas de Hollywood, al ser contratado por David O. Selznick para que se encargara de los castings, supervisara las pruebas a actores de renombre y fuera uno más de los muchos cazatalentos que la Selznick Company tenía a sueldo por aquellos años. Conocido todavía por su verdadero nombre, Emil Anton Bundmann, se marchó al año siguiente, contratado como ayudante de dirección, a la Paramount, donde trabajó, entre otros filmes, en la inolvidable Los viajes de Sullivan (1941), de Preston Sturges. Atraído por la posibilidad de ponerse detrás de la cámara, se marchó a trabajar a modestas compañías, como la RKO y la Republic, para las cuales dirigió, entre 1942 y 1949, bajo su nombre ya de siempre, Anthony Mann, películas de muy modesto presupuesto, la mayoría de ellas dentro del género policíaco o el melodrama, aunque también dirigió algunas comedias musicales, francamente olvidables. Desde sus primeras realizaciones policíacas, destacó por la violencia con la que imprimía carácter a ciertas escenas, por la tremenda belleza de las imágenes en blanco y negro (gracias a los excelentes directores de fotografía con los que trabajó: En 1950, y tras una entretenida incursión en la revolución francesa, con El reinado del terror (1949), maravillosamente fotografiada por John Alton, Anthony Mann inició su magistral ciclo de westerns. Ese año rodó también Winchester 73, una magistral película con la que comenzó su colaboración con James Stewart, el guionista Borden Chase (que se prolongó durante dos inolvidables westerns más: Horizontes lejanos y Tierras lejanas) y el director de fotografía William Daniels, equipo que dio un giro de 180 grados al western. Sus obras maestras no tardaron en llegar: en 1952 rodó Horizontes lejanos, un año más tarde Colorado Jim y, en 1955, Tierras lejanas y El hombre de Laramie, todas con James Stewart como protagonista. Anthony Mann hace revivir aquella fulgurante época en la que vio enfrentarse a amigos o a miembros de una misma familia que ya no se interesaban en más que en el metal amarillo. Detrás de cada plano, sentimos la presencia de Anthony Mann, en la manera de utilizar el cinemascope. Con James Stewart, Anthony Mann formó una pareja indispensable para entender el cine norteamericano. En Música y Lágrimas (1954), Mann puso imágenes a la incesante búsqueda de Glenn Miller por algo nuevo en su música. Stewart fue un Miller único y nunca un cineasta antes había mostrado con tanta emoción y sensibilidad el verdadero sueño americano. Demostró que era capaz de habituarse a cualquier encargo, los dos citados anteriormente lo eran, e hizo todo lo que pudo en Dos pasiones y un amor (1956), un vehículo de lucimiento del célebre Mario Lanza, y donde encontró a uno de sus grandes amores: la actriz española Sara Montiel, con la que se casó un año después. Y salió más que airoso de una típica producción bélica de aquellos años, La colina de los diablos de acero (1957), un filme que con el tiempo se ha convertido en un clásico del género. La meticulosa destreza y el personal sentido de Mann para fotografiar los conflictos internos de sus personajes se vio acrecentada en otro magnífico western, El hombre del oeste, donde se puede apreciar a un agonizante Gary Cooper (enfermo ya de cáncer) en una de sus últimas apariciones en la pantalla. La reputación de Mann bajó algunos enteros cuando en 1960 decidió abordar grandes presupuestos en suntuosos espectáculos, como el remake de Cimarron (1960), o las superproducciones de Samuel Bronston en España: El Cid (1961) y La caída del Imperio Romano (1964). Curiosamente, El Cid es hoy reconocida como una obra maestra, más intimista que espectacular, gracias al tratamiento de western que de la historia realizó Mann; al tiempo que su trabajo en la segunda, la convierte en, quizá, la mejor producción de Bronston. Anthony Mann fue un cineasta clásico, un maestro en la construcción de sus películas, a las que dotaba de una claridad y una simplicidad realmente prodigiosas y un hombre de cine. Murió con las botas puestas el 29 de abril de 1967, mientras rodaba en Berlín Sentencia contra un dandy (1968). Su protagonista, Laurence Harvey, se encargó de terminar el último aliento de genialidad del maestro.

           

 

FILMOGRAFIA SELECTA:

 

1942: Dr. Broadway; Moonlight in Havana.

1943: Nobody’s Darling.

1944: My Best Gal; Strangers in the Night.

1945: El gran Flamarión

1946: Extraña interpretación; The Bamboo Blonde.

1947: Desperate; Trampa para un inocente

1948: La brigada suicida; Rawl Deal; He Walked By Night

1949: Side Street; El reinado del terror; Border Incident.

1950: La puerta del diablo; Las furias; Winchester 73.

1951: The Tall Target

1952: Horizontes lejanos.

1953: Colorado Jim; Bahía negra.

1954: Música y lágrimas.

1955: Tierras lejanas; Comando aéreo estratégico

1956: Dos pasiones y un amor; The Last Frontier.

1957: La colina de los diablos de acero

1958: La pequeña tierra de Dios; El hombre del Oeste.

1960: Cimarrón.

1964: La caída del Imperio Romano.

1965: Los héroes de Telemark.

1968: Sentencia para un dandy

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